Santa María Magdalena
El Cristo de la Buena Muerte de la Hiniesta al fondo de una calle de Sevilla, con la banda de espaldas en primer plano.

Crónica · Sevilla · Domingo de Ramos

Arahal tras el azul de la Hiniesta: crónica de un Domingo de Ramos eterno

· Agrupación Musical Santa María Magdalena

El Domingo de Ramos en Sevilla tiene un sonido propio, y ese sonido nace en nuestro seno. El pasado 29 de marzo de 2026, tras el paso de la Buena Muerte de la Hiniesta, no fue una jornada cualquiera: fue la culminación de medio siglo de fidelidad ininterrumpida.

El reencuentro esperado: 50 años de fe

Para nuestra formación, este Domingo de Ramos quedará marcado en los anales de nuestra historia. El hito era mayúsculo: cumplir medio siglo tras los pasos del Crucificado de la Hiniesta. Con la singularidad de realizar la salida desde la Iglesia de la Resurrección, el ambiente que respirábamos era de una responsabilidad histórica.
A las 13:45 h, San Luis era un hervidero de túnicas azules y plata. Cuando el crucificado de Castillo Lastrucci asomó por la ojiva, nuestros sones rompieron el silencio. No era solo música; era nuestra historia viva. Con la elegancia clásica que nos caracteriza, pusimos el corazón en cada nota, sabiendo que cada marcha era un regalo por estos cincuenta años de unión.

Una mirada para la eternidad: el Señor se gira hacia su banda

El aire frente a Santa Marina pesaba de una forma especial. No era solo el sol de justicia; era la vibración de una efeméride que latía en el pecho de cada uno de nuestros músicos. Cincuenta años caminando tras el Cristo de la Buena Muerte.
Al llegar a las inmediaciones del templo ocurrió lo inesperado, aquello que como formación solo nos atrevíamos a soñar en voz baja. El paso no siguió su curso habitual. Con la elegancia de un suspiro, los costaleros comenzaron a girar el paso hasta que la imponente talla del Crucificado quedó frente a frente con nosotros.

No fue una simple revirá: fue un reconocimiento público, un abrazo de fidelidad que sellaba nuestra historia común.

Fue un momento de una carga emocional indescriptible: cara a cara ante el Señor y quienes le prestan su aliento cada año. Con los instrumentos en posición pero el alma en un puño, nos encontramos con la mirada del Cristo de la Buena Muerte. Como banda, vivimos una gesta emocional que nos marcó de por vida: las lágrimas se entremezclaron con las notas, sintiendo que el Cristo no solo procesionaba, sino que rendía homenaje a sus propios hijos.
El paso del Cristo de la Buena Muerte de la Hiniesta por las calles de Sevilla.
El Crucificado de Castillo Lastrucci, en su Domingo de Ramos.

El casco norte: un sello inconfundible

Nuestro paso por el casco norte fue un despliegue de poderío. Desgranamos un repertorio clásico que es seña de identidad de la Semana Santa: desde la sobriedad de Cerca de Ti, Señor o Piedad hasta los matices renovados de Al Dios que Muere por Nosotros. En la Alameda de Hércules, el binomio banda-hermandad dio una lección de compás, manteniendo ese sello que, décadas después, sigue sonando tan auténtico como el primer día.

Carrera oficial: el estreno de "Un Mismo Caminar"

A las 17:30 h llegábamos a la Plaza del Duque con la emoción intacta. Fue el momento de interpretar Un Mismo Caminar, el estreno compuesto para sellar musicalmente este aniversario. Bajo los sones de esta nueva marcha, el Señor encaró el palco de autoridades, seguida de piezas icónicas como Cristo de San Julián y Arahal, completando una entrada en Campana para el recuerdo.
Atravesar Sierpes, la Plaza de San Francisco y la Avenida supuso para nosotros reafirmar nuestro rito bajo la mirada de toda Sevilla, culminando la primera parte de nuestra estación de penitencia en la Santa Iglesia Catedral.

El regreso: éxtasis en el corazón de Sevilla

El regreso de la Hiniesta es, para nuestra formación, el momento de máxima conexión con la fe. Tras dejar atrás Alemanes, encaramos la cuesta del bacalao (Argote de Molina), el punto con el que todo músico sueña. El éxtasis se palpaba antes de que rompiera la marcha; una tradición que cada año cobra más fuerza.
En la Cuesta del Rosario, composiciones como Dios de Esperanza, Nuestro Señor, Alma Mater y Crucificado de la Esperanza marcaron el paso de una tradición renovada, donde nuestra historia y nuestra actualidad se unieron en un mismo camino.

El barrio: una familia unida por el sentimiento

Lo mejor nos aguardaba en la noche. El regreso por las calles cercanas a San Julián, con el cansancio acumulado pero el alma encendida, fue puro deleite. En San Marcos, nuestras liras seguían resonando en el ambiente, envolviendo al Cristo en una atmósfera de otro tiempo.
Aunque el recorrido no incluyó las calles del barrio, el tramo final por San Luis fue único. Vivimos momentos de familia, de hermandad y de sentimientos encontrados. Miradas de satisfacción entre compañeros y lágrimas de alegría al concluir un año que ya es eterno para nuestra banda.

Balance final

El Domingo de Ramos de 2026 no fue un día más: fue la confirmación de que Santa María Magdalena y la Hiniesta no solo sobreviven al paso del tiempo, sino que lo dominan. Sevilla volvió a rendirse ante este binomio, recordándonos que, aunque pasen los años, la esencia nunca pasa de moda.